El arte de heredar.
Vives. Y las personas que te rodean te acompañan. O eso crees. Están cerca de ti o tal vez algo más lejos. O eso percibes. Parece que están a tu lado.
Y mientras vives el mundo cambia. Florencia, por ejemplo, también cambia. Todo fluye, decía Heráclito. Después lo dirían otros. Tal vez se dijo desde siempre, desde la primera mirada que vio correr el agua o vio modificarse el cielo.
Giovacchino Forzano reflexionaba sobre estas cosas cuando escribió su libreto para la dramatización de la ópera de Giacomo Puccini titulada Gianni Schicchi. Nuestra puesta en escena, El arte de heredar, no es una ópera, pero sí es un homenaje teatral a ese libreto. Adoptamos un modo de expresión diferente, pero la finalidad es la misma: interrogarnos, reconocernos y, tal vez, avergonzarnos.
En Florencia, como en tu calle, en aquel tiempo, como en tu tiempo, la condición humana entra en juego. Entre quienes te rodean verás amor, verás dolor, verás risas, verás intereses, verás que hay gente que nace, vive y muere con su sombra y sin su sombra.
Pero por mucho que todo cambie hay una conducta que no cambia. Cuando llega el final, el último aliento, y te vas, hay quienes se acercan. Quieren conocer tus últimas voluntades.